La mala gestión de riesgos y la avaricia, un ansia desaforada por ganar cada vez más dinero, explican una crisis con la que el mercado lleva ya un año peleando. La necesidad de fortalecer el sistema financiero para evitar nuevos episodios de estrés se ha convertido en una prioridad para los reguladores.
Los bancos centrales prevén cambios que fomenten una mayor transparencia y perfeccionen las normas existentes. La ingeniería financiera, las agencias de rating, los vehículos fuera de balance, las prácticas de concesión de créditos o el apalancamiento centran el debate por su papel amplificador en la crisis actual.
El reto para los reguladores es grande. La normativa siempre va un paso por detrás de la innovación financiera y las prácticas de mercado no son fáciles de cambiar. "Mientras haya incentivos como los bonus es muy posible que los jugadores del mercado actúen de maneras peligrosas. Es imposible de evitar. Sin embargo, sí hay normas que pueden prevenir grandes problemas.
El Banco de España evitó muchos males al prohibir los activos subprime", explicó el economista Anton Brendner, de la firma Dexia. La búsqueda de rentabilidades cada vez mayores, fruto de años de bonanza y de la enorme liquidez que se amasó en el sistema financiero, finalmente resultó desastrosa. La ingeniería financiera respondió con la creación de productos cada vez más sofisticados, algunos muy complejos, opacos y arriesgados que llevaban incorporadas las hipotecas de alto riesgo de EE UU.
Muchos jugadores terminaron por endeudarse demasiado y exponerse en exceso a una desaceleración. La cantidad de activos ilíquidos a largo plazo financiados con deuda a corto plazo provocó que el sistema se hiciera vulnerable a una salida masiva de inversores.
Y es lo que sucedió. Pero luchar contra la especulación parece difícil cuando se incentivan los resultados a cortísimo plazo. Las operaciones de Jerôme Kerviel, el operador que causó pérdidas de 4.900 millones de euros a Société Générale, no son un caso aislado.
En 1995 el británico Barings cayó después de que el trader Nick Leeson invirtiese masivamente en futuros sobre acciones del índice japonés Nikkei. Y son sólo los casos más escandalosos, imposibles de esconder. Como preguntaba un asistente la última conferencia de Bolsas europeas en Estocolmo: "¿Ha sido la industria financiera secuestrada por sus ejecutivos?".
La regulación puede ayudar a prevenir ciertos daños provocados por una avaricia o euforia excesiva, argumentan los expertos. Hoy el foco de los problemas está precisamente en la relajación con la que se concedían préstamos. Más créditos implicaban más comisiones y más beneficios.
Los controles exhaustivos de riesgo desaparecieron porque gracias a la titulización muchos préstamos se sacaban fuera del balance empaquetados en activos que se vendían después a terceros. Una práctica que permitía a los bancos deshacerse del riesgo y seguir prestando sin incumplir los requisitos de capital.
"Demasiada separación entre el origen del crédito y el riesgo y demasiados intermediarios supone un riesgo sistémico", como dijo Bob Greinfeld, consejero delegado de Nasdaq. Mediante tales subterfugios, personas sin trabajo, empleo o bienes compraban casas a crédito. Lewis Alexander, economista jefe de Citi, explicó que "vamos hacia un mundo en el que las instituciones financieras deberán mantener más capital, los reguladores endurecerán los requisitos para la concesión de hipotecas, las primas de riesgo aumentarán y se verán cambios en las agencias de rating. Pero para que todos estas medidas tengan éxito los cambios deberán ser globales", añadió.
Precisamente Standard & Poor's pidió la semana pasada que la regulación de las agencias de rating sea global para asegurar la consistencia de las calificaciones. El papel de estas compañías se ha visto muy cuestionado en los últimos meses por los errores que cometen a la hora de otorgar calificaciones elevadas a emisiones de titulización hipotecaria que fueron rebajadas drásticamente tras el estallido de la crisis.
Y ya hay cinco propuestas sobre la mesa para aumentar el control sobre las agencias de rating: las del Foro de Estabilidad Financiera, IOSCO, la SEC (la Comisión de Valores de EE UU), la Fiscalía de Nueva York y próximamente de la Comisión Europea.
Abogan por cambios en el papel y usos de las calificaciones, un código de conducta que obligue a diferenciar las calificaciones de financiación estructurada o cambios en el sistema de compensaciones, entre otros aspectos. "La solución sería pagar a las agencias con parte de las emisiones que califican.
Hacer que se conviertan en propietarios", comentó Suresh Sundaresan, profesor de finanzas estructuradas y riesgo en Columbia Graduate School of Business. Los vehículos fuera de balance que muchos bancos utilizaban para generar activos respaldados por hipotecas es otro aspecto sobre la mesa. "Mucho riesgo estaba en estos vehículos y daba una visión de la realidad distorsionada. Una mayor vigilancia en este aspecto es necesaria", explicó Anton Brendner. "Hay que evitar que se produzca un sistema bancario en la sombra", añadió José Carlos Díez, de Intermoney.
Otra de las cuestiones que está sobre la mesa es la conveniencia de establecer un sistema de compensación central para los credit default swaps. Una manera de aumentar la transparencia sobre una parte opaca del mercado. |