La caída del mercado inmobiliario español continuó bajando un 38,55% interanual las ventas de viviendas en el mes de marzo y un 16,93% respecto de febrero, según las cifras oficiales publicadas este miércoles. En marzo fueron vendidas un total de 46.074 viviendas urbanas en España, indicó el Instituto Nacional de Estadística (INE).
La caída de ventas de viviendas se ha produjo en todas las regiones españolas, excepto en Galicia y en La Rioja.
El déficit de vivienda en España, que hasta finales de los años 80 era un problema social, se transformó durante la siguiente década en la gran solución para un nuevo ciclo económico. Los bancos y las grandes empresas necesitaban rentabilizar el capital ocioso, adquirido en América, del que disponían tras varios años de expansión con altísima rentabilidad fuera de España. El Estado acompañó la maniobra y fue cómplice en un proceso donde la mayoría de la población endeudó el 60% del salario de sus próximos 35 años.
Las propiedades subieron a un ritmo del 30 % anual, se vendían barrios enteros cuando sólo existían en planos y bajo la amenaza de un aumento semanal de precios. El cliente daba una señal del 20 % del valor, los constructores pedían al banco otro 15% de préstamo y con ello construían la vivienda. A la firma de la escritura, el comprador firmaba una hipoteca por 40 años con tipo de interés variable. El estado ganaba un 15% a la hora de autorizar el terreno de construcción más un 6% a la firma de escritura más otro 6% cada vez que la vivienda era revendida. Los notarios, más honestos que en la Argentina, sólo se llevaban un 2%.
Los bancos daban dinero a manos llenas, la gente se endeudaba (siempre con la garantía de la propiedad), pero la inflación encubierta tras esta gigantesca operatoria hizo que en pocos años las viviendas triplicaran o cuadruplicaran su precio, y como era la hora del consumismo todo el mundo re-hipotecaba su casa, con ello compraba coches, hacía obras, se pagaba exóticos viajes al exterior y consumía, consumía, consumía. La deuda aumentaba brutalmente pero siempre a la retaguardia del todavía más brutal aumento de la vivienda. Los constructores aparecían en las listas de las personas más ricas del mundo, los municipios quemaban dinero durante las fiestas patronales, la corrupción aumentaba exponencialmente y el crecimiento urbanístico era descontrolado.
Hasta que en 2007 la leche llegó a costar un 40% más, la carne 22%, la vivienda 27%, el pan 80%, el combustible 32%. Pese a todo, la inflación oficial sólo registraba un 4% de aumento. Pero la burbuja reventó cuando el precio del metro cuadrado llegó a 7.000 euros. Entonces el Banco de España, junto con los bancos centrales europeos, aumentó los tipos de interés. Con ello la capacidad del ciudadano llegó al límite, el pánico se desató y mientras algunas empresas ya comienzan a migrar hacia América y otras regiones, ciertos observadores señalan que la conflictividad laboral podría convertirse en una amenaza creciente. Según empresas de trabajo temporal, la desocupación irá en aumento hasta 2011. |