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LUEGO DE SU ASCENSO COMO COMPRADOR GLOBAL DE MAÍZ

China ya impone reglas a la agroindustria mundial

El rechazo chino a casi 1,45 millones de toneladas de maíz de EE.UU. modificado genéticamente ha provocado pérdidas millonarias a empresas como ADM y Syngenta. Los embarques rechazados han costado US$ 427 millones a las compañías de granos, afectando los precios mundiales de maíz y soja.

4/8/2014

El endurecimiento de la política de China contra las importaciones de maíz transgénico está sacudiendo a la agroindustria de Estados Unidos, y ha frenado las ventas de la mayor cosecha de ese país hacia su mercado de mayor crecimiento. Las exportaciones de maíz de EE.UU. a China han caído 85% frente al año anterior, para representar solo 171.000 toneladas en enero de este año, según estimaciones del sector.

Desde mediados de noviembre, China ha rechazado casi 1,45 millones de toneladas de maíz de EE.UU. con el argumento de que ha detectado una modificación genética desarrollada por la suiza Syngenta AG que Pekín no ha aprobado, de acuerdo con un informe de la Asociación Nacional de Granos y Alimentos de EE.UU.

La cifra supera con creces las 545.000 toneladas que ha reportado Pekín y las aproximadamente 900.000 toneladas que ha informado la prensa.

Los embarques rechazados les han costado US$ 427 millones a las compañías de granos por ventas perdidas y también han reducido los precios de envíos destinados a China que deben ser revendidos a otros países, dice la asociación estadounidense. La cifra incluye maíz y productos relacionados.

Los rechazos han elevado la frustración con lo que algunos ejecutivos estadounidenses llaman un proceso regulatorio opaco por parte de China, en momentos en que el país gana influencia como importador.

El escrutinio de China sobre el producto de Syngenta ha afectado también el precio del maíz y la soja, lo que se traduce en cientos de millones de dólares en pérdidas para agricultores, dice el informe.

El freno a las ventas de maíz de EE.UU. se presenta en momentos en que el mercado de este grano enfrenta una creciente competencia de países como Brasil y Ucrania.

"Es bastante grave si EE.UU. no puede abastecer el mercado chino", dijo Gary Martin, presidente de la Asociación Norteamericana de Exportadores de Granos, al Wall Street Journal.

Cargill Inc., uno de las mayores empresas de agroindustria, dijo la semana pasada al mismo diario que los rechazos de China fueron factor principal detrás de la caída de 28% en sus ganancias trimestrales más recientes.

Las grandes compañías de semillas como Syngenta y Monsanto Co. usualmente están alineadas con grandes exportadores como Cargill y Archer Daniels Midland Co. en su deseo de producir y vender la mayor cantidad posible de granos. Las comercializadoras han acogido el uso de semillas transgénicas -introducidas en EE.UU. en 1996- por parte de los agricultores y que, dicen sus defensores, elevan la producción.

Pero ahora las empresas de semillas y los comerciantes debaten sobre quién debe asumir los costos de las exportaciones rechazadas.

La Asociación Norteamericana de Exportadores de Granos, que incluye a ADM y Cargill, ha hecho un llamado para que las compañías de semillas asuman todos los riesgos y responsabilidades de vender sus productos y también se ha pronunciado en contra de introducir semillas transgénicas que no han sido aprobadas en los principales mercados.

Los comerciantes han pedido que Syngenta deje de vender esas semillas hasta que China las apruebe, pero la firma rechazó esos pedidos y este año presentó una nueva variedad de maíz, llamada Duracade en EE.UU., y que China no aprobaría hasta el año próximo, como mínimo.

Cargill, ADM y Bunge Inc., otro gran comerciante de granos, han restringido sus compras de maíz con semillas de Syngenta para evitar futuras interrupciones.

El episodio es un reflejo de las discrepancias internacionales sobre las semillas genéticamente modificadas, que son alteradas para ser más resistentes a plagas y a ciertos herbicidas.

Los críticos dicen que las semillas se consideran propiedad de las compañías que las crean y les fijan precio, y por tanto no son de venta libre, así como que obligan a aumentar el uso de algunos químicos y que podrían causar daños a la salud.

Algunos países, sobre todo en Europa, tienen restricciones más firmes que EE.UU., que usa esas semillas en el 90% de las cosechas de maíz.


 

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