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TEMOR CRECE EN EUROPA Y JAPÓN, DONDE LOS GOBIERNOS FALLAN

La deflación, fantasma de los mercados globales

Las caídas de precio de los commodities sugieren que un descenso en los valores de productos y servicios al consumidor podría ser un fenómeno más amplio, afectando también a EE.UU. tanto como a los emergentes.

17/10/2014

Detrás de la actual agitación en los mercados acecha un temor que las autoridades creían haber superado hace unos años: la deflación.

Una caída generalizada en los precios al consumidor surgió como una gran preocupación tras la crisis de 2008 al evocar la Gran Depresión de los años 30 y las dos décadas perdidas de Japón, y los bancos centrales del mundo han desplegado en los últimos años una variedad de políticas de crédito fácil para combatir sus efectos debilitantes.

Ahora, sin embargo, nuevas señales de desaceleración global, la caída en los precios de las materias primas y las acciones y los menores retornos de los bonos sugieren que el riesgo de una deflación sigue latente.

Tales amenazas se producen cuando la Reserva Federal de Estados Unidos se encamina a poner fin este mes al programa de compra de bonos que ha sido una de las principales herramientas en su lucha contra la caída de los precios.

Pero las preocupaciones por una posible deflación son más pronunciadas en Europa y Japón, dos economías donde las autoridades se muestran ineficaces para reactivar el crecimiento económico.

Sin embargo, las caídas recientes en los precios de los commodities sugieren que un descenso en los precios al consumidor -aunque no necesariamente una deflación- podría transformarse en un fenómeno más amplio, que repercutiría en EE.UU. y en los mercados emergentes.

En Europa los inversionistas se desprendieron el jueves de acciones y bonos de las economías consideradas más débiles de la zona euro, como Grecia, Portugal, España e Italia, en la segunda jornada de una ola de ventas que trajo a la memoria los momentos más delicados de la crisis de la deuda entre 2010 y 2012.

Las principales bolsas europeas cayeron, con la salvedad de Alemania, pero el acontecimiento más dramático tuvo lugar en el mercado de renta fija, donde el rendimiento del bono soberano de Grecia a 10 años se disparó más de un punto porcentual para alcanzar casi 9%, y con una tasa de interés tan alta se vuelve prácticamente imposible que el gobierno griego acuda a los mercados para financiar las necesidades del país.

Los mercados estadounidenses, en cambio, repuntaron hacia el final de la sesión de ayer y cerraron con leves pérdidas.

El Dow Jones descendió 24,50 puntos, 0,15%, a 16.117 unidades. El S&P 500 ganó apenas 0,27 puntos para ubicarse en 1.862 unidades y el Índice Compuesto Nasdaq, donde predominan las empresas de tecnología, cerró 2,07 puntos al alza a 4.217 unidades.

Los temores por la deflación -destaca The Wall Street Journal- son entonces especialmente pronunciados en Europa, donde la inflación anual en los 18 países que utilizan el euro alcanzó 0,3% el mes pasado, un mínimo de cinco años y un nivel muy por debajo de la meta del Banco Central Europeo, de poco menos de 2%.

Cuando la inflación es tan baja, no haría falta un golpe muy violento -como el debilitamiento de Alemania o tensiones geopolíticas en la vecina Ucrania- para que la economía caiga en deflación. Algunos países de la Zona Euro, como Italia, ya lo están.
Si bien el presidente del BCE, Mario Draghi, tomó medidas para combatir la deflación en junio y septiembre, reduciendo la tasa de interés a mínimos históricos y presentando un plan de préstamos a bancos y compras de valores respaldados por activos y bonos cubiertos, hay muy poco consenso en el Viejo Continente para emprender medidas más enérgicas, por ejemplo, el tipo de estímulo monetario que han desplegado la Fed, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón de compras a gran escala de bonos soberanos.

Las economías en aprietos como Francia e Italia tienen por delante una difícil elección: tomar más medidas de austeridad para reducir su déficit fiscal, lo que acentuaría la debilidad de sus economías, o pasar por alto las reglas presupuestarias de la UE que exigen déficits bajos, lo que dañaría su credibilidad en Europa.


 

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