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JOAQIM LEVY, TITULAR DE HACIENDA, PIDE APRETAR EL CINTURÓN

En Brasil ya alistan medidas poco populares

En el intento por evitar una rebaja de la calificación crediticia de Brasil, el gobierno de Dilma Rousseff ha propuesto aumentar impuestos y recortes en el gasto, iniciativas a las que anteriormente se había opuesto la presidenta. También redujo del 3% al 0,8% el pronóstico de crecimiento de Brasil en 2015.

10/12/2014

Funcionarios brasileños impulsan políticas conservadoras que la presidenta Dilma Rousseff alguna vez criticó como una amenaza para los pobres, en un intento por rescatar la credibilidad de su gobierno y evitar una rebaja de la calificación crediticia de Brasil.

Miembros del recién renovado equipo económico de la presidenta han dado señales de que alistan medidas no populares, como aumentos de impuestos y recortes en el gasto, algo a lo que Rousseff se opuso rotundamente durante su campaña de reelección, y su gobierno también ha reducido de 3% a 0,8% el pronóstico de crecimiento de Brasil en 2015.

Al mismo tiempo, el Banco Central del país ha reanudado el incremento en los costos de endeudamiento después de dejarlos intactos desde abril, cuando la campaña electoral se intensificó: los miembros de la junta del banco ahora están proclamando el mensaje de que la restricción de crédito se realizará en la medida necesaria para enfriar la inflación.

"Aunque las medidas del banco central están diseñadas para debilitar la inflación en un período de dos años, los beneficios de reducirla a su meta para finales de 2016 podrían ser duraderos, o incluso permanentes", dijo el martes Alexandre Tombini, presidente del banco central de Brasil, a los legisladores en un testimonio formulado en la cámara de Diputados.

El banco central brasileño forma parte del gobierno y Tombini es subordinado directo de Rousseff. Aun así, la entidad es considerada independiente y en su mayoría libre de interferencia política.

Las declaraciones de Tombini se producen antes de que Rousseff inicie su segundo mandato en enero y mientras la mandataria se concentra en enderezar una economía que se salió de cauce en medio de un débil crecimiento global y la caída de los precios de los commodities.

Rousseff ganó ese segundo mandato en octubre con un ligero margen, apoyada por brasileños de bajos ingresos que favorecieron sus programas de distribución de ingresos y combate a la pobreza.

Las agencias de calificación han amenazado con quitarle el estatus de grado de inversión a Brasil si sus cuentas públicas no mejoran y el crecimiento económico sigue débil.

La economía de Brasil cayó en recesión durante el primer semestre y crecerá apenas 0,18% este año, según la media de los pronósticos de una encuesta semanal del banco central a economistas. El declive se produce después de un período de auge que marcó una expansión de 7,5% del Producto Interno Bruto en 2010, justo antes de que Rousseff llegara al poder. Ese mismo PIB apenas creció 2,5% en 2014.

Al mismo tiempo, los precios elevados están devorando las billeteras de los consumidores. La inflación de 12 meses ya llega al 6,6%, cuando la meta del Banco Central es de 4,5% con un rango de tolerancia de dos puntos porcentuales, y Tombini indicó ayer martes que la inflación de Brasil podría empeorar, y que el objetivo mencionado no se cumplirá antes de 2016.

"Una vez que concluyó la campaña, (Rousseff) enfrentó la realidad", señaló Flavia Cattan-Naslausky, directora de estrategia de divisas de América Latina en RBS Americas. "No necesitaba a los mercados para ganar las elecciones, necesitaba votantes. Ahora se dio cuenta de que necesita a los mercados".

Rousseff no ha hecho pública su nueva posición en cuanto a política económica, pero ha dicho que Brasil ha sufrido los efectos de una desaceleración global, aunque sin mencionar que un fuerte gasto del gobierno ha alimentado la inflación e inflado el endeudamiento del país. El déficit presupuestario de Brasil alcanzó 5,01% del PIB en octubre, frente a 3,45% un año antes.

Después de ganar la última contienda electoral, la presidenta nombró a Joaqim Levy, un banquero con reputación de saber apretar el cinturón, como ministro de Hacienda.

Y Levy, que ha prometido restaurar el balance fiscal, ya ha reducido el objetivo de superávit primario de 2% a 1,2% del PIB, indicando que prefiere apuntar a una meta alcanzable en lugar de incumplir una más alta: "Brasil necesita ahorrar más. El gobierno federal dará el ejemplo con un aumento de sus ahorros", apuntó Levy en su discurso de posesión.



 

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