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CANARY WHARF, CENTRO FINANCIERO DEL REINO UNIDO

El otro lado del éxito económico británico

Si la política tiene algo de teatro, el legado económico del reelecto primer ministro David Cameron es una obra clásica: hoy los británicos deambulan por el escenario repartiéndose tanto el crecimiento económico como una profunda desigualdad, donde la prosperidad convive con la pobreza de las clases bajas.

19/5/2015

En su quinto año de austeridad, pisar Reino Unido deja una sensación de viaje al futuro de las economías de la Unión Europea (UE). No siglos o décadas, sólo un par de años. Un desembarco en la (siempre anunciada) inminente postcrisis para presenciar la cotidianidad que dejarán las ya archiconocidas políticas de recorte del gasto público y flexibilidad laboral que se han extendido por el bloque.

Da la oportunidad de ver cómo se comportará la austeridad en una economía funcionando a pleno pulmón, sin la tragedia generalizada de otros países como Grecia, Portugal o incluso España.

Para iniciar este viaje futurista, se puede ir hasta una estación de metro londinense, la de Canary Wharf, el centro financiero más grande de Reino Unido. Y de Europa.

Al llegar allí se verán ríos de trajes y maletines que se dirigen a enormes edificios de cristal coronados por rótulos de bancos.

Ellos representan mejor que nadie la cara del éxito británico: una economía que escaló un 2,8% del Producto Interior Bruto (PIB) en 2014, más que ningún otro país del G-7, y que ha sido capaz de crecer una media anual del 1,5% desde que David Cameron asumió el poder en 2010.

Cameron pudo presentar en la reciente campaña electoral el hecho de que la economía británica genera más empleo que nunca y la tasa de desempleo no llega ni al 5,6%, por debajo del 9,8% de media de la UE y lejos de los dramáticos números de otros vecinos.

Pero en Canary Wharf, ubicado en el este de Londres, se hacen carne la prosperidad junto a la creciente pobreza de las clases bajas.

Crecimiento boyante

Lejos de las torres financieras de Canary Wharf, en un meandro del río Támesis pero en el mismo sector del mapa, se halla un paisaje más dickensiano: Tower Hamlets: edificios y casas bajas de viejo ladrillo a la vista muestran un color que está lejos de ser uniforme, variando de su marrón original a un verde involuntario a raíz de la incansable capa de moho que emana de la humedad clásica del clima de las Islas.

Es el barrio con más hambre infantil del país, donde más de la mitad de los niños vive por debajo del umbral de la pobreza; en una de sus calles se encuentra uno de los 445 bancos de alimentos que tiene el conglomerado caritativo Trussell Trust, el mayor del país.

En este punto, el relato del "éxito" británico comienza a enturbiarse. Si en 2010, cuando el gobierno conservador llegó al poder, poco más de 40.000 personas acudían a adquirir comida en esos centros, en el último año esa cifra se disparó y hubo que repartir un millón de ayudas.

El crecimiento y el alza del empleo en Gran Bretaña se han conseguido en gran parte por los pobres salarios y la extremada flexibilidad laboral, que tiene en los contratos de cero horas (que no garantizan un tiempo mínimo de trabajo) su mayor exponente, y los salarios reales han caído desde 2010 un 2,2%, en una caída que no se había visto en el país en 50 años, según la Oficina Nacional de Estadísticas.

El costo de vivir con lo mínimo en Reino Unido es de 7,85 libras la hora (cifra que asciende en Londres a 9,15). Y un 20% de los trabajadores ganan ese salario insuficiente.



 

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