Por primera vez, una mujer, la brasileña Maria das Graças Foster, dirigirá la principal petrolera sudamericana, el gigante Petrobras.
Foster combina su amplio conocimiento de la petrolera con un carácter de hierro que empezó a forjar desde que, siendo una niña, trabajaba en las favelas de Rio de Janeiro para ayudar a su familia.
De 58 años, esta ingeniera química con estudios en Economía fue nominada por el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff para dirigir los destinos de la mayor empresa de Brasil y quinta petrolera del mundo en valor de mercado.
La relación entre Foster y Rousseff se remonta a 1999, cuando la presidenta era secretaria de Energía del estado de Rio Grande do Sul, y desde entonces, la presidenta depositó su confianza en ella asignándole mayores responsabilidades conforme fue ascendiendo en su vida pública.
La prensa describe a Foster como una mujer temperamental, muy cercana de la mandataria brasileña -también conocida por su carácter fuerte-, y una trabajadora infatigable.
Su designación, que deberá ser confirmada el 9 de febrero, engrosa su larga lista de reconocimientos, y encumbra una carrera de 30 años en Petrobras, una firma de capital abierto bajo control estatal.
Ya en 2010, la revista América Economía la había elegido como la ejecutiva con más poder del sector empresarial regional, mientras el diario especializado Financial Times la incluyó en su lista de las 50 mujeres de negocios más importantes del mundo.
Foster, casada y madre de dos hijos, se precia de conocer al dedillo Petrobras gracias a su larga trayectoria en la empresa, que inició como practicante de ingeniería química en 1978: "En esta compañía pasé por todos los niveles de jerarquía. Yo no amanecí directora de Gas y Energía", dijo, aludiendo al cargo que ocupa desde 2007.
El diario O Globo saludó su nominación como la llegada de "la mano de hierro al petróleo", un sector cada vez más estratégico para la sexta economía del mundo, con millonarias reservas de petróleo en aguas ultraprofundas.
Sin embargo, la próxima presidenta de Petrobras vivió y trabajó hasta los 12 años en las favelas, esas zonas empobrecidas y violentas que rodean las grandes ciudades, "recolectando papel, botellas y latas que vendía para comprar material escolar y ayudar a su familia", según recordó el diario económico Valor.
"Siempre trabajé para ayudar al sustento de mi madre y de mis dos hijos y para pagar mis estudios. Garra (fuerza) para mí es todo", declaró Foster en una entrevista con O Globo en septiembre del año pasado.
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